26.1.08


Vasos vacíos, animales enjaulados. Detrás de las barras observan huraños el comportamiento adiestrado del vasto prado que los rodea. Regodeados, se sienten superiores, miran a su antojo y no disimulan. ¡Esos malditos buitres de Alcatraz! Que se muerdan las lenguas y desgasten sus zarpas.
Sincronizados, todos caminan a su alrededor, pero nadie los toca. Pertenecen a la traílla pero proceden distinto y permanecen indiferentes ante el instinto. Si algo se les apetece, lo consiguen sin una sola gota de sudor. Nada lamentan, de nada se arrepienten.
En exclusivas ocasiones se los ve jubilosos y atentan a obsequiar algo de lo suyo. Pero, ¡cuidado mente ingenua! Siempre se debe retribuirlos y el precio a pagar es oneroso.

¡Que mueran, que mueran esos especímenes en putrefacción!

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